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Corría el año 1844 cuando al Ayuntamiento de la localidad, presidido entonces por Saturnino Solano, llegó un escrito de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Albacete, fechado el 12 de agosto, en el que se solicitaba la colaboración del consistorio y de las personas más cultas, ancianas y conocedoras de la historia local. El objetivo era cumplimentar una serie de cuestionarios con diversos apartados y preguntas para elaborar un censo provincial de los monumentos y restos históricos y artísticos existentes en la provincia de Albacete. El cuestionario comenzaba con preguntas sobre la existencia de monumentos romanos, a lo que se respondió que «en esta villa no existe monumento ni vestigio alguno de esta clase». Una respuesta muy similar se dio respecto a los monumentos de la Edad Media y a los de origen árabe: «no se encuentra edificio ni objeto alguno de esta procedencia», circunstancia lógica si se tiene en cuenta que el pueblo aún no existía como entidad propia y que, hasta finales de la Edad Media, no era más que una pequeña aldea dependiente de Villa de Ves. Es al llegar al apartado dedicado a los monumentos del Renacimiento cuando las respuestas comienzan a ser más extensas y detalladas. A la primera pregunta, que solicita información sobre las construcciones de este periodo y la fecha de su edificación, se responde: «Una iglesia dentro del mismo pueblo; una ermita de la Encarnación, situada extramuros a media legua de distancia, y otra ermita dedicada a San Antonio de Padua, muy próxima a la población por el poniente. La iglesia fue edificada hacia el año 1617; la ermita de la Encarnación en 1667 y la de San Antonio en 1748.» En relación con la fecha de construcción de la iglesia existen distintas opiniones, pues mientras en este documento se afirma que fue edificada en 1617, Eladio León sostiene que ya existía en 1569. Algo similar ocurre con la ermita de la Encarnación, cuya fundación algunos autores sitúan en 1772, mientras que aquí se fecha en 1667. Respecto a la ermita de San Antonio, todos coinciden en señalar el año 1748.
En cuanto a la segunda pregunta, referida al estilo arquitectónico al que pertenecen la iglesia y las ermitas, los informantes, quizá influidos por el escaso aprecio que en aquella época se tenía hacia el arte barroco, respondieron que «las tres pertenecen sencillamente a la arquitectura grecorromana». Las siguientes cuestiones hacen referencia a columnas, pilastras, molduras, techumbres, bóvedas, artesonados, rosetones, pinturas y elementos decorativos en general presentes en los templos mencionados. A ello respondieron: «Las columnas de la iglesia son cuadradas, con una única y sencilla moldura en su parte superior, al igual que las que hay en San Antonio, mientras que la ermita de la Encarnación carece de ellas”. También responden que la iglesia tiene los techos con bóvedas, sin otro adorno que unos sencillos florones de yeso dorado; los de San Antonio también con bóveda, pero sin adornos y la Encarnación, techo artesonado sencillo. Las respuestas relativas a elementos decorativos, esculturas de piedra o barro, pinturas al temple o al óleo en bóvedas, techos y muros son idénticas para los tres templos. En todos los casos se afirma que carecen de los elementos mencionados y que no poseen pintura alguna.
La encuesta concluye con dos últimas preguntas: «¿En qué estado se encuentran los edificios de estas épocas?» y «¿Pueden destinarse a algún establecimiento útil?». A ellas se responde que «los tres edificios de que se habla se encuentran en un estado regular» y que no pueden destinarse a «ningún otro uso que aquel para el que están consagrados». Como puede observarse, las respuestas del cuestionario son extremadamente breves y escuetas, dando la impresión de haber sido redactadas únicamente para cumplir con el expediente administrativo. Sin embargo, aunque es cierto que nuestros templos eran entonces, y siguieron siéndolo hasta mediados del siglo XX, edificios austeros y sencillos, sin duda ofrecían muchos más aspectos de interés de los que quedaron reflejados en aquellas contestaciones.
Hoy día, la iglesia, tras las pinturas realizadas en el año 1958 por el pintor José Manuel Vidal, las obras de restauración de cúpulas, cubiertas, tejados y el añadido de otros motivos decorativos, ha mejorado tanto que está catalogada como Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento.
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Autor: Agustín Gurruchaga Autor: Agustín Gurruchaga
Igualmente nuestras ermitas muestran otro aspecto: la de La Encarnación, con su nueva espadaña coronada con una cruz y su cantarina campana, sus nuevas puertas, su pórtico y el embellecimiento general de sus alrededores, se alza acogedora y coqueta en medio del prado.
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La de San Antonio, igualmente, con todas las reparaciones de cubiertas, tejados, fachada y nueva campana, se yergue airosa rodeada del parque de su mismo nombre.
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