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Calle San Antonio

Calles   |   Año 2012
Calle San Antonio

Si miramos el plano de Casas de Ves, podemos observar que el eje central, la columna vertebral del pueblo es la calle de San Antonio. Esta calle, que se extiende de Este a Oeste, con una longitud aproximada de 700 m, es, sin lugar a dudas, la calle más importante y emblemática de nuestro pueblo.

Su numeración comienza desde el Arco de San Antonio y termina al inicio del camino de la Villa, figurando la última de la izquierda o nones con el número 85 y la de la derecha o pares con el 110. Es una calle recta y ancha, aunque al llegar al cruce de la calle Alejo Cano se estrecha, para volver a ensancharse pocos metros más allá y continuar recta hasta que, al pasar el cruce de la calle La Mancha, gira a la derecha para enfilar el mencionado camino de la Villa.

Su nombre viene dado por la existencia, al inicio de la calle, de una ermita consagrada a San Antonio, templo de una sola nave y ancha cúpula, rematada por ligera espadaña y construida en el año 1748. Una ermita que en los años de posguerra ofrecía un aspecto un tanto ruinoso y que, perdiendo por unos años su carácter religioso, fue dedicada a almacén-granero por el Servicio Nacional del Trigo. Hoy en día, restaurada y con campana en su espadaña, aparece rodeada por un ameno y acogedor parque, refugio de niños y mayores; parque antiguo con tres entradas enmarcadas con hermosos pilares de piedra tallada y que hasta los años 80 del siglo pasado ofrecía un aspecto lastimoso de abandono, árido y seco, con unos pocos y viejos árboles, lleno de losas y pedruscos; hoy, transformado por completo, es símbolo del cambio del pueblo y su antigua casita del santero, donde vivieron, hasta los años setenta, varias familias del pueblo, entre ellas un famoso personaje llamado Pablo «el curandero» (Pablo Jiménez Pardo), que además de sus dotes de sanador tenía fama de ser adivino y buscador de tesoros, sirve de terraza-bar y puesto de helados en el verano.

Es una calle que, a pesar de todos los cambios políticos y revoluciones ocurridas en España durante los últimos siglos, sólo cambió su nombre de 1841 a 1843, durante la regencia del general Espartero, años en que pasó a llamarse «Duque de la Victoria» en honor a dicho general, que ostentaba este título. También, la placeta que comparte con la calle Claudio Solano en su inicio tomó, durante la 2.ª República, el nombre de Francisco Pi y Margall en recuerdo del efímero presidente de la 1.ª República, que gobernó España del 11 de junio de 1873 al 18 de julio del mismo año.

Una calle en la que, según el padrón de habitantes del año 1901, vivían 93 cabezas de familia y 386 habitantes, y en la que había 94 edificaciones ocupadas, 6 inhabitadas y 1 bodeta.

La entrada a San Antonio se inicia traspasando uno de los símbolos más emblemáticos, peculiares e identificativos de nuestro pueblo: el Arco de San Antonio. Como sabemos, este arco, en su origen, fue constituido en el año 1833 para conmemorar el nombramiento de Isabel II como reina de España.

Con el paso de los años se fue deteriorando y en el año 1932 presentaba un aspecto ruinoso, por lo que en el acta de la sesión del pleno municipal del 20 de marzo de ese año podemos leer:

«El señor Alcalde (Marcos Marzo Navalón) propuso la construcción de un arco de cemento a la entrada de la calle San Antonio y se acordó que en vez de la construcción total del Arco se reparen con los materiales necesarios los muros de los extremos que en otro tiempo sirvieron de sostén a otro Arco que hubo en dicho sitio, en forma que queden fuertes y ofrezcan seguridad para el tránsito público».

Comenzamos nuestro recorrido por la calle y, ejercitando nuestra memoria, recordamos que en los años de la posguerra existía, en el número uno, un horno regentado por el matrimonio formado por Luis Marzo y Sacramento (la Pollera), que, como los varios hornos que había en el pueblo, se dedicaban más a cocer el pan y pastas que las amas de casa habían preparado y amasado previamente en sus hogares, que a la venta.

Más adelante, a la izquierda y en chaflán que formaba con la calle Claudio Solano, había un «hastial», es decir, un pozo manantial de escaso caudal y aguas no potables, que era compartido por varios vecinos y con cuyas aguas abrevaban a sus animales y usaban para usos domésticos; este «hastial» también tenía entrada por el corral de la herrería de la familia Soriano Bau, herrería grande y bien dotada donde se hacían trabajos en hierro de todo tipo, desde poner puntas nuevas a los arados, llantas a las ruedas de los carros y hacer elaboradas rejas de fachadas; esta familia también era propietaria de un pequeño jaral que había enfrente, formando esquina con la calle Cabriel y donde elaboraban sus propios vinos; jaral derruido hace unos años.

Ricardo Lejárraga Herrero