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María de la O Lejárraga García nació el 28 de diciembre de 1874 en San Millán de la Cogolla,
La Rioja, en una familia acomodada. En 1880, su familia se trasladó a Madrid, donde recibió educación en casa de su madre y posteriormente estudió Magisterio y Comercio en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, familiarizándose con los principios de la Institución Libre de Enseñanza. Ejerció como maestra hasta 1909 y realizó estudios en pedagogía europea gracias a una beca en 1905.
María inició su carrera literaria publicando bajo su propio nombre, pero pronto adoptó el seudónimo de su esposo, Gregorio Martínez Sierra , debido a las normas sociales de la época que dificultaban que una mujer compartiera la profesión de maestra y escritora . Colaboró con su esposo en teatro, revistas modernistas y fundó proyectos editoriales como Helios y Renacimiento. Entre sus obras destacan Canción de cuna (1911), llevada al cine en España, Hollywood y Argentina, y numerosos libretos para compositores como Manuel de Falla, incluyendo El amor brujo y El sombrero de tres picos
Lejárraga fue una activa defensora de los derechos de la mujer. En 1914 se convirtió en secretaria española de la Alianza Internacional del Sufragio de la Mujer (IWSA) y en 1918 directora de la Unión de Mujeres Españolas (UME). Lideró la Asociación Femenina de Educación Cívica (AFEC) en 1931 y escribió ensayos feministas como Cartas a las mujeres de España, La mujer moderna (1920) y La mujer española ante la República (1932), abogando por el divorcio y la emancipación femenina. Fue elegida diputada socialista por Granada en 1933, mostrando su compromiso con la República y el cambio social.
Además de su labor literaria, María de la O Lejárraga fue traductora de autores como Shakespeare, Musset, Dante y Maurice Maeterlinck, y colaboró en la difusión del modernismo español. Su trabajo en teatro y música, junto a compositores y dramaturgos de la época, consolidó su influencia en la cultura española del siglo XX.
Tras la muerte de su esposo y durante su exilio, María reivindicó la autoría de sus obras, destacando que muchas de las obras firmadas por Martínez Sierra eran en realidad de ella. Su vida y obra han sido recuperadas en las últimas décadas, reconociéndola como una figura clave en la literatura, el feminismo y la política española del siglo XX .